Tengo una amiga que se ha casado con un santero cubano, además de esta dedicación es un hombre culto, tiene dos carreras. En Cuba, daba clases de violín en un conservatorio, pero lo dejó todo por amor y se vino a España.

El día que me lo presentó, después de que ella le dijera que yo pintaba, me miró a los ojos y me dijo muy serio, "tienes que pintar cocos, te dará y darás suerte".

Al principio he de confesar que no sabía muy bien a qué se refería, pero luego me explicó que en Cuba existe un niño santo llamado Elegua, que aquí también le tenemos (se le llama el niño de Atocha), y que me veía protegida por él. Es un santo que siempre está rodeado de cocos y me dijo que si yo pintaba cocos, todos los que hiciera darían suerte. 

Fue extraño para mí todo aquello, he de confesar que yo no soy mucho de santos, pero me dije, ¿y que pierdo por hacerlo?. Nada.

Y aquí estoy, pintando cocos, me gusta, aunque lleva bastante trabajo prepararlos para la pintura, porque hay que vaciarlos y sellarlos, quitarles los pelos y limarlos, a parte de otras cosas que me dijo Roberto, el santero, que debía hacer.

Aqui están los que llevo hechos, con el nombre de la persona que los tiene.